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viernes, 23 de abril de 2010

Un edificio emblemático del Reino de Aragón: el monasterio de Siresa en el valle de Hecho.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Mañana de fría aguanieve en Siresa (Huesca)

San Juan de la Peña surge al fondo entre las nubes con una leve nevada, visto desde Santa Cilla.
Amarillo sobre verde: primeros colores de esta tímida primavera.

martes, 30 de marzo de 2010

domingo, 28 de marzo de 2010

Las severas piedras del viejo Reino de Aragón en Siresa (Huesca)

A dos kilómetros y medio de Hecho se encuentra Siresa, en el antiguo camino de Santiago medieval por el que a través del puerto de Palo se accedía a la otra vertiente pirináica del Bearn francés. Posteriormente el paso se haría por el Somport en el Valle del Aragón.

Este monasterio cuyo inicio de construcción es del tiempo hispanovisigótico, tuvo gran relevancia en los inicios del Reino de Aragón, siendo muy venerado y protegido por los Ramirez; la infanta Sancha, hija de Ramiro I fue su abadesa y gran benefactora. Aquí se educó Alfonso el Batallador, y lo cierto es que los monjes hicieron de él un cristiano muy aguerrido. Cuando lo visité era muy pronto y estaba cerrado. No pude verlo por dentro. Otra vez será.









jueves, 4 de marzo de 2010

La verdad en las piedras del Monasterio de Siresa (Huesca)

Este monasterio se halla en Siresa, a dos kilómetros de la población de Hecho, en el valle del mismo nombre que riega el río Aragón Subordan, cuyas aguas este año bajan caudalosas y vertiginosas, debido al invierno tan pródigo en agua y nieve que hemos tenido. Su construcción data del periodo visigótico, y posiblemente auspiciada por su ubicación en la calzada romana Zaragoza-Canal de Berdún-Puerto de Palo-Bearn francés, que atravesaba la cadena pirináica. Según Wikipedia, en el 852, Eulogio de Córdoba escribe a Guilesindo de Pamplona alabando la excelencia del monasterio y el esplendor de su biblioteca, donde se hallaban textos latinos como la Eneida, y obras de Juvenal, tambien La ciudad de Dios, de San Agustin de Hipona. Fue monasterio real, y los monjes educaron aquí al hijo de Sancho I Ramirez, el futuro Alfonso I el Batallador, quien demostró de manera fehaciente como rey con su ímpetu cruzado fundamentalista y ardor guerrero, que había sido un alumno aventajado y muy aplicado de los venerables padres.